Todo ocurre por alguna razón. A veces no nos damos cuenta. Y cuando lo hacemos comprobamos que nada sucede fortuitamente.
Desde hace unos días, me lamentaba de que mi cámara de fotos no llegase a realizar ningúna foto. "Atención: ¡Batería Agotada!". "¡Pero si las pilas son nuevas!". No lo entendía. Probé con varias pilas nuevas. Nada. Algún que otro disparo. Pero luego volvía a salir el mensaje de error. Pues nada. Vaya, me he quedado sin una de las cosas que más valor tienen para mi, el instrumento para capturar esos momentos, esos instantes, esas risas y esas expresiones. He llegado a pensar que la cámara está resentida y mantiene su orgullo. Creo que la cámara sabe que me estoy interesando en otro aparato. Pero nunca pensé abandonarla a ella. Probablemente será un ligero contratiempo del sistema de la máquina. Pero, vaya, que cosas, ahora que fotografiaria tantas cosas. Y encima este fin de semana tenía excursión a Cambridge. Volvía a Cambridge. Intentaron dejarme una cámara. Pero nada.
Cambridge, pues. Yo sin mi instrumento. Sin cámara alguna. Volvía después de casi dos años a la ciudad que me acogió y me dió a conocer a algunas personas que no olvido. Puede que porque compartí con ellas bastante tiempo y muchas cosas. Quizás el haber vuelto a esta bella ciudad me haga tener la iniciativa de intentar saber algo de ellos. Me encantaría.
Paseé por las acogedoras y bulliciosas calles de la ciudad. Visité edificios espectaculares que dejé pasar en la ocasión anterior. Compartí interesantes conversaciones. Y me reencontré. En dos aspectos. Me reencontré con el esplendor de la ciudad y con lugares que, junto a aquellas personas, compartí diversos momentos. Me reencontré con las ganas que tuve entonces de estar allí. Y me reencontré con una de ellas. Con una cámara analógica. Con una película de 35 mm. Con el sonido embriagador que acompaña a cada toma. Con esa mirada de la realidad a través del visor. Con ese chirrinar de la rueda que mueve la película al terminar la fotografía. Y con la limitación de los carretes.
Fue un reencuentro inesperado este último. Si mi cámara funcionase correctamente no habría tenido el gran placer. Todo ocurre por alguna razón. De toda situación que nos viene mal, podemos sacarle, aunque sea lo mínimo, algo positivo.
Hoy me he reencontrado con el sentimiento de la intriga, de la expectación. Del misterio de revelar un carrete de fotos. Esa ilusión, esa sensación de interés por saber como ha salido cada fotografía. Es emocionante. Y todo esto gracias a una cámara de fotos de un sólo uso.
Espero poder tener la oportunidad de volver a usar una cámara de estas características. Porque siguen siendo especiales. Como todo lo que tuvimos anteriormente. Y espero que mi cámara digital vuelva a funcionar de nuevo.
3 comentarios:
yo quiero q vuelva la polaroid..:(
¡Que viva Cambridge y las cámaras de fotos, sean de 7,1 megapíxels o de 35 mm!
Bonita ciudad, bonitos recuerdos...bonito texto
Fotografiar con una polaroid ya sería fantástico.
mucha razón tienes con lo de la cámara, no hace más que 5 ó 6 años que todo el mundo utilizaba de las desechables en los viaje....y ahora lo recordamos con nostalgia. Saludets!
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